Oct 272013
 

Por Victoria García Acero

Azay Art Magazine

La risa de la hiena – Germán Olivares García, Niram Art EditorialEstamos ante La risa de la hiena (Editorial Niram Art) de Germán Olivares García veterano autor de prosa y ficción de nacionalidad mexicana con títulos a sus espaldas como Polvo de estrellas, Traición bajo el mar, Atardecer en París o el libro de poema Cien poemas prohibidos. La risa de la hiena es una novela sobre la revolución mexicana contada desde el punto de vista de los soldados y revolucionarios que estuvieron presentes en la batalla. Digna heredera de Los de abajo de Mariano Azuela; pero distanciada por su contenido de la gran Pedro Páramo o La muerte de Artemio Cruz. Pues estas dos últimas más que versar sobre la revolución mexicana en sí, abordan las consecuencias que trajo la misma y en ellas se respira un sentir de pesimismo por lo que pudo haber sido y no fue o el que todo cambie para que nada cambie Lampedusiano del que Azuela ya dejó un ramalazo.

En este sentido, esa podría ser tal vez, la clave más importante de La risa de la hiena: que está impregnada de un espíritu de optimismo. Sin olvidar, obviamente, el excelente tratamiento narrativo de la novela y la perfecta concordancia con los hechos históricos. Un verdadero prodigio narrativo de la que tal vez es la 7ª generación de la novela de la revolución.

 

V. G. A.: En la novela se denuncian los desmanes de los maderistas durante la guerra civil, como podemos leer en el siguiente fragmento: “Aún no comprendo los motivos por los que los Maderistas asesinaron a cuanto chino cayó en sus manos.” ¿Existe hoy día, cuando ya se han cumplido más de 100 años del inicio de la revolución, cierta división en la sociedad por los bandos tomados entonces?

 

Germán Olivares.: En el México actual, como bien lo dices anteriormente, han pasado ya varias generaciones y las divisiones de antaño han quedado subsanadas.

La referencia específica a la matanza de chinos en Torreón al inicio de la revolución que se dio por fuerzas Maderistas, en lo personal me parece que se debió a una confusión.

Los federales que ocupaban la plaza armaron a los chinos y los enviaron al oriente de la ciudad para defenderla, diciéndoles que si los revolucionarios entraban los matarían a todos. La historia nos dice que durante tres días los chinos mantuvieron a raya a los revolucionarios. En la madrugada del cuarto día los federales abandonaron la plaza sin avisarle a los chinos y por la mañana, cuando éstos se dieron cuenta que estaban solos corrieron hacia el centro de la ciudad. Los revolucionarios entraron y al encontrarlos  masacraron a 311 chinos.

Sin embargo, aplicando la lógica, si armas a un grupo de hombres dedicados al comercio, a labores del campo y a los negocios, hombres sin instrucción militar y que nunca habían disparado un arma, ¿Cómo es posible que éstos pudieran repeler durante tres días el ataque de un enemigo diestro en el combate y con superioridad numérica, causándole numerosas bajas?

Yo creo que en algún momento alguien mencionó a aquellos que les impedían tomar la ciudad como “los amarillos”, pero tal vez se refería a los uniformes federales de color caqui o amarillo desteñido y los confundieron con los chinos, por eso la masacre.

 

V. G. A.; ¿Los autores rusos como Tolstói o, sobre todo, Gógol con su ejemplarizante Almas muertas; han supuesto para el autor una referencia a tener en cuenta?
Germán Olivares: Efectivamente, la revolución Mexicana está considerada como la primera del siglo XX, comenzando el 20 de noviembre de 1910 a las 6 de la tarde. Y, si todo hubiera salido bien, debería considerarse también como la revolución más breve, o una de las más breves, dado que el fin que se perseguía, que era quitar una dictadura de más de treinta años y entrar a una democracia, se logró en poco más de seis meses. Sin embargo, el ansia de poder despertada hizo que la lucha se prolongara durante algunos años más.

En cuanto a los autores rusos, aunque en Almas Muertas de Gógol se habla de los trabajadores como propiedad de los terratenientes y esto coincide ampliamente con lo que sucedía a los trabajadores mexicanos de las haciendas, no creo que pueda hablarse de una referencia como tal, dado que en La Risa de la Hiena, me aboco a narrar los hechos históricos tal cual ocurrían en el México del Porfiriato, lo que asimismo fue anterior a la obra de Gógol.

 

V. G.A. : ¿Cuánto hay de mexicano en La risa de la hiena?

 

Germán Olivares: Todo. La Risa de la Hiena es completamente mexicana. Azuela, Rulfo y tu servidor tenemos el común denominador de ser mexicanos y, aunque de distintas épocas, esto puede hacer que se encuentren similitudes en nuestros trabajos.

Y hablando de la muerte, debo decir también que el mexicano tiene una idiosincrasia sobre la muerte completamente diferente a la del resto del mundo. El mexicano se burla de la muerte, se ríe de ella, pero al mismo tiempo la respeta y hasta diría que le teme.

En México el día 2 de noviembre se celebra el oficialmente llamado “Día de los Fieles Difuntos”, popularmente conocido como el “Día de Muertos” en el que las familias mexicanas acuden a los panteones a visitar a los seres queridos que se adelantaron en el camino. Limpian las tumbas, les ponen flores, rezan por los difuntos. Pero al mismo tiempo es una fiesta, ahí mismo comen y algunos hasta les llevan a sus muertitos la música que en vida les gustaba, ya sea con mariachi, trios, o de perdido con una grabadora.

Para la fecha se prepara también el llamado Pan de Muerto, un pan con forma de calavera con dos huesos cruzados, espolvoreado con azúcar y generalmente con sabor a naranja.

Así mismo se hacen calaveras de azúcar a las que se les pone en la frente diferentes nombres.

En cuanto a la literatura, se escriben las llamadas “Calaveras” que son versos dedicados a una persona, no necesariamente fallecida, en los que se ridiculiza algún aspecto de su vida, aunque sin agraviarlos, y con el fin de reírse de la persona.

V. G. A.:  El ritmo narrativo es excelente y veloz, eso no se puede negar, pero lo que más destaca es que es muy visual. ¿De dónde viene esa capacidad? ¿Estamos ante un narrador cinematográfico o el hecho de haber ejercido como guionista de cortometrajes ha sido clave para la composición de esta obra o su capacidad pictórica que, dicho sea de paso Germán Olivares es también un gran pintor?

 

Germán Olivares: Gracias. Comenzaré diciendo que, efectivamente, cuando escribo, en mi mente estoy viendo las escenas como si de una película se tratara. Y busco que cuando alguien lea mi obra, pueda imaginarse la escena conforme vaya leyendo. Creo que este es un excelente ejercicio mental para los lectores y además, cada uno “verá” una escena distinta dado que todos pensamos diferente. Es decir, si el libro habla de piras de cadáveres que iluminan la noche, un lector se imaginará una pira ardiendo y alumbrando alrededor, mientras que otro verá en su imaginación varias piras iluminando el horizonte.

Trato de que mis obras sean de fácil lectura, ligeras, digeribles y sí, muy visuales; de manera tal que puedan ser leídas lo mismo por un adulto que por un joven o un niño y que no deban tener un doctorado en letras para comprenderlas.

Lo mismo sucede cuando pinto. Me gusta la pintura realista, donde lo que pinto se entienda al primer golpe de vista, aunque finalmente cada uno haga su propia interpretación. Pintar es algo que disfruto mucho. Prefiero los paisajes con temas mexicanos porque me gusta la naturaleza y me gusta mi país. Y en mi pintura procuro representarlos a ambos de alguna manera. La pintura abstracta no me viene bien, hasta ahora.

Y por supuesto, de alguna manera esto se refleja en mi forma de escribir.

Existen en este momento dos cosas que yo podría pasar haciendo el resto de mi vida: Escribir y pintar.

 

V. G. A.: Recientemente tuve la ocasión de entrevistar a otro autor mexicano: Benjamín Valdivia y destacaba la paradoja de que muchos de los autores mexicanos más renombrados y considerados más mexicanos, curiosamente habían vivido casi de forma ajena a México, poniendo a Carlos Fuentes, nacido en Panamá y que, salvo contados veranos, no vivió en México propiamente dicho hasta los 16 años y con 44 sus compromisos internacionales le alejaron nuevamente del país. No es su caso, más bien al contrario, el lector que se acerque a La risa de la hiena se encontrará con la biografía del abuelo del autor. ¿Qué opinión le merecen estos autores que se han expandido de tal forma que han conseguido que fuera solo se vea y se lea su visión de México, por otro lado, una visión un poco cercenada?
A su vez, el lector de La risa de la hiena, estará leyendo la biografía del abuelo del autor. Teniendo en cuenta que de este suceso han pasado más de 100 años, ¿cómo ha recopilado usted la información o documentación en lo tocante a lo personal, a los personajes protagonistas, no los históricos, su abuelo?

 

Germán Olivcares: Efectivamente, yo he pasado prácticamente toda mi vida en México. He tenido la oportunidad de viajar fuera del país desde muy joven pero también he viajado mucho dentro de mi país. Eso me ha permitido darme cuenta de cuánto se añora el país de nacimiento cuando se está fuera, de ahí que el destierro sea un castigo. No considero, sin embargo, que el vivir fuera del país sea un impedimento para hablar, y con razón, de las cuestiones internas aunque, efectivamente, dado la distancia, puede ser una visión hasta cierto punto cercenada.

Ahora bien, en cuanto al tema de la documentación de mi novela, déjame  decirte que antes de morir, mi abuelo me dio dos cuadernos escritos de su puño y letra con sus memorias. Estos quedaron guardados en un cajón durante años. Luego los saqué y transcribí la narración con mi letra. Ahora tenía tres cuadernos, los cuales volví a guardar varios años más. Con la llegada de la computadora, transcribí la historia a un archivo electrónico, mismo que siguió durmiendo el sueño de los justos otros años más. Luego de escribir un par de novelas, por fin decidí hacer una novela con la historia de mi abuelo, pero me asaltó la duda sobre cuánto de lo escrito por él se podía realmente confirmar en la historia oficial. Entonces comencé a documentarme al respecto, visité museos, leí libros de historia de México, hasta una enciclopedia de la revolución Mexicana de ocho tomos la leí completa no una, sino tres veces y luego me sirvió como referencia mientras escribía, cotejando nombres, fechas, lugares, etc. Para mi regocijo todo concordaba.

Este período de documentación me llevó aproximadamente tres años antes de escribir una sola palabra. Luego vino el tiempo de escribir y hacer esta novela me llevó aproximadamente otros tres años más. Entonces, la obra que tienen en sus manos contiene seis años de trabajo y, hablando en términos vinícolas, más de veinte años de añejamiento.

 

V. G. A.: Cuando leemos novela revolucionaria el pesimismo es una constante. En su obra no. Lejos de mirar después, de sacar conclusiones; la impresión que puede sacar el lector es la de “al menos lo hemos hecho, no nos hemos quedado subyugados, hemos demostrado que podemos hacerlo” ¿Cuál es la verdadera visión de Germán Olivares García sobre la revolución Mexicana?

 

Germán Olivares: Como decía mi padre: “El peor invento del hombre es la guerra”. Llámese guerra formal, guerra de guerrillas o revolución, las dos cosas que siempre trae una guerra son muerte y destrucción. Actualmente la revolución es vista de una manera muy romántica: Grandes héroes, una causa justa, etc. A la luz de todo lo que aprendí durante la documentación de ésta novela considero que la revolución en sí fue espantosa.

En muchas ocasiones en las que mi abuelo comía en nuestra casa, bastaba con que uno de nosotros, niños entonces, le preguntara qué había sucedido en la revolución para que él nos platicara, con lujo de detalles y de una manera tan atractiva lo sucedido, que nos mantenía en suspenso durante horas. Recuerdo algo que entonces no entendía: Cada vez que mi abuelo nos narraba lo que había sucedido en la revolución, se le llenaban los ojos de lágrimas. Ahora comprendo los horrores que debió haber vivido para que, muchos años después, tan solo con recordar aquellos tiempos, aún llorara.

Sin embargo, a pesar de todos los horrores que se vivieron en esa época, como buen optimista creo que fue el precio que se tuvo que pagar para darle a este país un futuro mejor. Futuro que es nuestro presente y que, aunque creo que aún no estamos como deberíamos, sí estamos en mejores condiciones que entonces.

La Risa de la Hiena es, efectivamente, una obra llena de optimismo. Sí, a veces la medicina es amarga, pero es necesaria para recobrar la salud.

 

V. G. A.: Según recoge el abogado, profesor, político y defensor de la implantación del tren nuevamente en México Jesús González Schmal “La Revolución se movilizó en las vías y eso se grabó en la mente de los gobernantes, que desconfiaron de él”. ¿Y para usted? ¿Qué significa el tren hoy, casi extinguido del paisaje mexicano; y qué significa en la novela?

 

Germán Olivares: En la novela, las vías férreas son las arterias y el tren la sangre que corre a través de todo el territorio llevando los elementos que habrán de sanar a la sociedad. Es el medio de transporte de personas y mercancías por excelencia, de cañones, soldados y revolucionarios; es el alma de la revolución.

Hoy, el tren significa para mí una esperanza. Personalmente creo que México está desaprovechando un excelente medio de transporte. Creo que deberíamos ver y aprender de lo que sucede en Europa por ejemplo y retomar el tren, moderno, veloz, para contar con un transporte de personas en México rápido y económico. Las personas y mercancías deberían estarse desplazando por el territorio nacional en tren.

 

Buceando un poco por su bibliografía hay un título que he dejado para el final: La decisión de Pancho Villa. El título, al menos, indica que su tema está en consonancia con el tema de La risa de la hiena. ¿Es la revolución mexicana una constante, una obsesión en su obra o simplemente un trabajo le llevó al otro? ¿Se trata la Revolución del Vietnam de México? ¿Quedan heridas por cicatrizar?

 

Germán Olivares: La revolución Mexicana es un tema que me apasiona. A medida que me sumergí en él encontré historias dignas de ser contadas. Una de ellas la plasmé en ésta novela que mencionas: La Decisión de Pancho Villa que, a diferencia de La Risa de la Hiena, habla de la revolución Mexicana en el contexto internacional, es decir, lo que sucedía fuera de México en ese momento y cómo influyó en el desarrollo de la revolución; específicamente la invitación hecha por Alemania a México para que se unieran durante la Primera Guerra Mundial.

Además estoy por escribir dos novelas más bajo el tema de la revolución Mexicana, una sobre el compadre y mano derecha de Pancho Villa, me refiero al General Rodolfo Fierro, conocido como el asesino más desalmado y sanguinario de la revolución y otra, en contraste, sobre un ciudadano chino que en Torreón pasó de la misera a la opulencia en esos años.

No considero, sin embargo, que la revolución Mexicana sea una obsesión para mí, dado que tengo escritas novelas de ciencia ficción, ficción, y recientemente he incursionado tanto en la novela romántica como erótica, además de que estoy escribiendo una novela de género negro, es decir, policíaca. La revolución, entonces, es una parte de mi obra; importante por supuesto, pero no única.

Y si me permites hacer un comercial, quiero decirte que precisamente mi obra “Polvo de Estrellas” acaba de participar en el I Concurso 451 de Novela de Ciencia Ficción y entre 112 obras de 27 países, mi novela quedó en 4° lugar, siendo el único mexicano en quedar como finalista.

Por otro lado, las viejas heridas abiertas durante la revolución al paso del tiempo, mas de cien años, han acabado por cerrarse.

 

V. G. A.: Me gustaría que dijera unas últimas palabras para invitarnos a leer La risa de la hiena.

 

Germán Olivares: Con mucho gusto. La Risa de la Hiena no es una novela para leerla, no. Es una novela para vivirla. Para meterse en la piel del personaje principal y constatar si cada uno tomaría las mismas decisiones y, por supuesto, afrontaría las consecuencias.

Yo les sugiero a cada uno de ustedes que compren La Risa de la Hiena; Lean La Risa de la Hiena; si les gusta, recomiéndenla a sus familiares, a sus amigos, a todo el mundo. Ahora, si no les gusta… pues entonces recomiéndenla a su jefe, a su suegra, a quién les caiga mal, no se dejen. Un afectuoso saludo para todos ustedes. Muchas gracias.