Dec 282013
 

Por Victoria García Acero– periodista

Azay Art Magazine

Martin Camps,Niram Art EditorialEl escritor Martín Camps (México, 1974) publicó su último libro Horas de oficina (Editorial Niram Art), el pasado 13 de diciembre. Martín Camps es autor de los siguientes libros de poemas: Desierto Sol (2003), La invención del mundo (2008), La extinción de los atardeceres (2009) y Poemas de un zombi / Zombie poems (edición bilingüe, 2012). Sus poemas han aparecido en The Bitter Oleander, Ann Arbor Review, Tierra Adentro, entre otras. Ha publicado el libro de ensayo Cruces fronterizos: hacia una narrativa del desierto (2007). Actualmente es profesor asociado de español en la Universidad del Pacífico en Stockton, California.

V. G. A.: Horas de oficina es tu primera novela, después de publicar ensayo y poesía. ¿A qué se debe este cambio?

M.C.: Me interesa el género de la novela porque es el género que más he estudiado académicamente. Escribir un ensayo sobre una novela te permite subrayar ciertas frases, concentrarte en los temas, las estrategias del narrador y su estructura. Me resulta un poco más fácil poder hablar sobre una novela que sobre un libro de poemas. Escribir una novela pide horas de tu día y de estar alejado del mundo, es un oficio lento y solitario. Lentamente los personajes van adquiriendo forma, matices, el espacio interno se va clarificando hasta componer una imagen clara. Me parece importante escribir una novela como un tour de force para experimentar lo que significa construir un personaje, desarrollar un diálogo, para capturar un filamento de la realidad con esa cinta larga de palabras que al tocar los ojos de un lector aparece una película muy distinta de la que pensaste al escribir.

V. G. A.: ¿Sobre que trata tu novela Horas de oficina?

M.C.: Horas de oficina es una novela del género de “campus”. El título se refiere a las horas que pasan los profesores en sus oficinas, esperando a que lleguen los estudiantes con sus dudas, pero es también el espacio cuando el profesor puede tener tiempo para escribir un correo electrónico, leer un poco, escribir un poema o empezar una novela. Aunque esta novela en particular no la escribí durante mis “horas de oficina” eso hubiera sido imposible, estoy tan ocupado durante esas horas. La escribí durante el verano. Pero el título se puede leer de manera metafórica: como las horas de bar, las horas de vida, las horas de comida. Es cierto, las horas de oficina suena como algo burocrático, pero es también un espacio donde sucede la vida.
La novela trata, para decirlo pronto, de un estudiante mexicano que cruza la frontera para Estados Unidos para estudiar un posgrado. Se debe enfrentar a la sobrevivencia en un país donde impera el individualismo, lentamente se va a adaptando al sistema universitario y va conociendo personas que lo ayudan durante su trayecto que es un poco picaresco. La novela también persigue reunir las voces de algunos migrantes de otros países en el extranjero, que son otro tipo de inmigrantes o “espaldas secas” que no tienen que cruzar el río Bravo. No es una novela con una historia lineal, se quiere contar algo, pero sin que sea una historia facilona de ir de un punto A al punto B con un personaje X.

V. G. A.: ¿Porque elegiste este tema para tu novela?

M.C.: Los temas lo eligen a uno. Habla uno de lo que conoce un poco más. Me interesa leer novelas que tienen lugar en la academia porque me parece un sitio que tiene mucha tela donde cortar. En el campo académico se encuentra uno con las personas que tienen los grados más altos que una institución educativa puede ofrecer. Por lo tanto es sitio donde se amasan egos enormes, donde hay guerras frías internas, patadas bajo la mesa, pero también gente muy humana y linda. También es un lugar propicio para el ejercicio del pensamiento, son ciudades del conocimiento, con bibliotecas fabulosas y personas dedicadas a sus profesión y aprendizaje. Todo esto da para muchas novelas que se han escrito. En la novela tengo un capítulo donde el estudiante graduado quiere hacer su disertación sobre estas novelas que se han escrito sobre la academia.

V. G. A.: ¿Cual es tu género favorito?

M.C.: La poesía, porque no te permite escribir un libro cada año. Porque crece contigo conforme se va modificando tu manera del ver el mundo. Porque te pide tiempo para respirar, así como el poema pide su aire en una hoja. La poesía, además, no se vende, lo cual es el único género que no huele a papel dinero. Para leerla se requiere tiempo, entrenamiento, mucha lectura. Y cuando lees un libro de poemas, de pronto hay dos o tres versos que se quedan contigo por mucho tiempo, que te hablan en las horas oscuras de la noche. Por eso escribir un buen poema siempre es un reto, poder decir algo que no se haya dicho antes. Claro, la narrativa también tiene poesía y de pronto son las frases subrayables, los despuntes de sabiduría. Pero la poesía tiene mucho de ejercicio heroico, como decía Roberto Bolaño, los poetas son héroes porque van a la batalla sabiendo que van a perder.

V. G. A.: ¿Que hay de realidad y que hay de ficción en la novela?

M.C.: Toda la novela es ficción. Hay partes que pueden estar ancladas en una experiencia personal o en algo que se haya escuchado, pero son situaciones artificiales. Es la ventaja de la ficción, que lo oculta en su capa mágica de la fábula y se puede salir con la suya. La realidad siempre es más aburrida, chirle. Es cuando se pone en el papel, cuando se ordena, es cuando adquiere su brillo y frescura.

V. G. A.: ¿Que te inspira a la hora de escribir?

M.C.: Escribir es como una cita con una mujer hermosa a la que no puedes desairar. Tienes que estar allí por la posibilidad. Escribir es ver qué puede pasar, qué puertas se pueden abrir que antes no habías visto. Escribir es como pasar cien veces por la misma calle transitada pero de pronto a la undécima vez descubres un local que no habías visto nunca y que aparece como por arte de magia, como si hubiera estado oculto por una bruma maligna. Por ejemplo, apenas descubrí en la calle donde vivo, una tienda que vende máquinas de escribir antiguas. Es una tienda que debió haber saltado a mi vista la primera vez que pasé por allí, porque me encanta escribir en los antiguos teclados, pero de alguna manera mi cerebro la ocultó. Escribir es esperar a que ciertas cosas que estaban ocultas se revelen.

V. G. A.: ¿Cómo se puede vencer el miedo al papel en blanco?

M.C.: Tengo por allí un poema que reflexiona sobre esto y dice algo así que lo peor no es tener miedo a la hoja en blanco sino a la vida en blanco. A tener miedo a vivir y enfrentar nuevas situaciones. Nos gusta la rutina, la suave paja de lo cotidiano, pero buscar nuevas experiencias siempre requiere vencer el miedo. Prefiero un libro de hojas en blanco a una vida sin nada qué decir, que platicar y contar.

V. G. A.: ¿Cual es tu siguiente libro?

M.C.: Tengo ahora un libro de poemas y una novela que estoy trabajando. Es cierto, no es bueno platicar mucho de lo que está uno haciendo porque de pronto no sale como uno esperaba. Pero siempre quisiera que el próximo libro fuera distinto al anterior, que me incomodara como escritor. Por ejemplo, antes de esta novela publiqué un libro que se llama Poemas de un zombi que significaba un riesgo, porque utiliza la cultura popular, pero es también una reflexión sobre la sociedad. Es tan distante de mi primer libro que tenía tonos más típicos de la poesía, los zombis quieren su espacio y también pueden escribir poemas.

V. G. A.: ¿Cómo se definiría Martín Camps en cinco palabras?

M.C.: 5 verbos: correr, comer, leer, dormir, soñar.
5 sustantivos: casa, calle, avión, libro, cama.

V. G. A.: ¿Qué no contarías a nadie sobre ti?

M.C.: Que me encanta la navidad, las canciones, los arbolitos con esferas y adornos. Me gusta que la gente en este tiempo muestra su mejor rostro, diciembre es un mes nostálgico. Creo que me gusta este tiempo porque me recuerda cuando mis padres estaban vivos y montaban toda la parafernalia navideña para endulzarme la infancia. Me gusta ese performance, las luces centelleantes de colores, la nieve postiza, las comilonas y bebidas. El olor a pino, a galletas horneadas. Las películas que más me gustan tienen lugar durante la época navideña y si son de acción, mejor.