Jun 142014
 

por Héctor Martínez

Revista Madrid en Marco

 

9 – Fabianni Belemuski, Niram Art Editorial Demasiada confianza en las palabras. La frase anterior sería un buen resumen de la crítica filosófica y artística del s. XX. Y a pesar de todo, no hemos hecho caso. Sabíamos que por la palabra y su sonido pueden mentirnos, engañarnos, embaucarnos, no porque quien engaña, miente y embauca sea un genio de la palabra, sino porque cuenta con que nosotros concederemos una confianza exacerbada a la palabra, buscando en su referencia su sentido. Creeremos o no, asentiremos o no, pero no pondremos en duda el medio lingüístico. Podía venir Nietzsche y romper el tablero del lenguaje, Wittgenstein a hablarnos de juegos, Heidegger a inventarse su propio diccionario, Dada a destruir cualquier gramática, Gadamer a interpretar y Derrida a deconstruir. Da igual, nosotros, como decía Ortega, seguimos el prejuicio inveterado de que al hablar nos entendemos más que adivinandonos con gestos.

 

Peor aún, consideramos que el lenguaje construye el mundo, en el lenguaje se manifiesta y cuanto ha de ser real ha de poder ser nombrado. No existe lo que no tiene nombre. Para nosotros la realidad es la realidad de la que hablamos, la que expresamos con palabras, y nada más hay fuera de la palabra. Puede ser un prejuicio mucho más profundo, pues le conferimos tanta realeza a la palabra desde que “en el principio era el Verbo” y antes nada, y porque “Dios dijo y todo fue hecho”, o porque un tal Adán iba dando nombre a los seres y a las cosas, o porque todos hablábamos un mismo idioma y por ello fuimos capaces de idear Babel. Ignoramos las veces que malinterpretamos y las veces que alguien traiciona su palabra, obviamos las veces que nos quedamos sin palabras, o que se queda en la punta de la lengua o que alguien las saca de contexto y hace malabares con ellas. Confiamos a pesar de todo, aunque nos haya abandonado más de una vez y aunque más de una vez fue mejor el silencio.

 

Fabianni Belemuski conoce bien el terreno, y por ello, sus últimos relatos breves, 9 (Niram Art, 2014), ya vienen titulados con número y no con letras, con la simple cantidad de los relatos. Y hasta este número, el 9, puede ser dado la vuelta, leerse en otro sentido. También por esta razón la era digital en la que estamos y en la que la palabra de siempre sufre los embates de códigos expresivos distintos, es el marco de la mayoría de relatos de ¿ficción? Sí, entre interrogantes. No son ficción los servicios de mensajería, ni el código de 140 caracteres, ni los router, ni el código binario, ni la disolución del individuo en una biografía efímera, que pasa a ser antes información que memoria de una vida. “La idea que a Albert le hacía temblar y en la que no quería pensar, era que las palabras creaban una realidad paralela a la de los cuerpos y que no servían para nada más que para algunos juegos de la autosuficiencia; que todo lo que podrían comunicar era únicamente palabras”, escribe nuestro autor. Y eso es 9, palabras, que van quebrando su lógica sintáctica, y a la par eso que identificamos sin saber muy bien lo que decimos al pronunciar ‘realidad’.

 

La obra se divide en dos partes. En la primera parte se deshace la presunta realidad ante hechos conflictivos, errores server 404 file not found de la existencia tal cual la suponemos.

 

Puede ser Dios enfrentado a la satánica pregunta ¿qué es la nada?: “En el lenguaje perfecto de Dios no había cabida para la pregunta de Satanás, que era en sí una mentira, lo cual violaba el código interno de las palabras que Dios había establecido para impedir, para su propio bien, que los usuarios descubrieran el meollo del asunto”. Recordemos que Dios es Logos y éste puede traducirse por verbo, vocablo. Sin Verbo nada hay, desde el Verbo todo es, duplicado. Explicar sin Verbo la nada es un absurdo, un sinsentido, es la no palabra. Explicarlo crea una realidad dual, la realidad en sí misma y la realidad descrita en palabras. De ahí volvemos a las primeras líneas citadas, las del pobre Albert, o a la triste vida virtual de Rio en un simulador de vida real: “¿Quién establece si una realidad virtual es menos real que la realidad donde las personas comen y desechan?”.

 

En la segunda parte, desmembrada la realidad, se desmiembra el lenguaje entre incoherencias, desconexiones sintácticas y semánticas, rupturas ortográficas, neologismos. Es el traductor online, por ejemplo, herramienta de mucho juego para la dislocación de un texto de idioma en idioma hasta una confusión absoluta, o la sustitución mencionada de la letra, la palabra, la oración y el texto por 1 y 0, la traducción de la información en un lenguaje muy distinto, ya no el humano propiamente dicho, sino el lenguaje de la máquina, de la red y del servidor, el lenguaje que usamos aunque no queramos y no lo entendamos, el de la virtualidad en la que nos vamos adentrando en estos chaplinescos tiempos modernos. Reconozcamos que ya no somos individuos diferentes unos de otros sino usuarios de la realidad virtual a la que nos evadimos…, no obstante, luego añoraremos ese tiempo sustraído, ese espacio perdido, y querremos volver, cerrando un círculo, el de ir de lo uno a lo otro, sea lo que sea lo uno y sea lo que sea lo otro. Seremos ese capitán Nwo Sekke (noséqué) escribiendo un diario de días olvidados.

 

9 es un libro-probeta en el laboratorio experimental de Fabianni Belemuski, con el embrión del mañana que hoy atisbamos, un futuro en el que quizás surquemos el universo, probablemente estemos en Marte, pero en que Fabianni Belemuski deposita grandes dosis de pesimismo, o más bien de nostalgia por algo que aún vivimos y que el porvenir parece dispuesto a desechar: nosotros mismos. Él habla de Sci-Fi, quizás en el sentido de que desde la ciencia hacemos ficción de nuestro ser :'( o quizás es que sólo somos y siempre fuimos entes de ficción, sólo ficción y nada más que ficción :)… con la ayuda de Dios.