Aug 042014
 

Publicado en la Revista Azay Art Magazine

Por Héctor Martínez – escritor

 

Leí el libro “Un paradigma de la inteligencia rumana. La lógica de Titu Maiorescu” (Editorial Niram Art). A mí me atraía muchísimo la materia de Lógica, tanto como las veces que la suspendía cuando era estudiante. Me atraía, y quizás por esto me suspendieran, por la misma razón por la que le atraía a Maiorescu, tal y como expone el Profesor Cazacu: «A Maiorescu le interesaba el espíritu íntimo de la lógica, el espíritu crítico, el uso de este estilo de pensamiento dirigido en contra de las palabras sin contenido».

Ese mismo espíritu íntimo que señala el Profesor Cazacu respecto de Maiorescu, es el que fundamenta la Lógica como la base de cualquier edificio de pensamiento. No sólo se trata de poder construir un pensamiento formalmente válido, sino que se trata de esa “intimidad” y, diría “necesidad”, de evitar el simple cacareo vacío de palabras gruesas. No es el hecho de la argumentación irreprochable (si es que ésta pudiera existir), sino de la exigencia de uno mismo con su propio pensamiento.

La Lógica de Titu Maiorescu, Aurel M. Cazacu,  Niram Art EditorialPara Aristóteles, considerado el padre de la sistematicidad de la lógica, la diferencia entre la naturaleza racional y la meramente sensitiva estaba en la diferencia entre la posesión de sólo la voz o también de la palabra. Desarrollar la actividad que al “animal racional” le corresponde por naturaleza, es desarrollar la palabra y no sólo la voz. Y el desarrollo de la palabra es, de hecho, lo que permite considerar al “animal racional” como “animal sociable” por naturaleza. Y decimos sociable, no gregario. La palabra es, por tanto, la base de la racionalidad y de la sociedad.

Con la palabra establecemos el enunciado, el juicio, en la ciencia (ya sea formal, natural o del espíritu). Tratamos de entender emitiendo juicios cuanto nos rodea y cuanto hacemos. De manera que, la ciencia que se ocupa de la palabra como base de la actividad racional es la raíz por la que nos hacemos comprensible la totalidad.

La lógica es esa “Ciencia del Pensar”. Precisamente, el Profesor Cazacu cita al propio Maiorescu en este sentido: La lógica «me llevó a tener esperanzas en una mejor formulación del juicio, de una forma de expresarse sin errores, corta, verdadera, de un alejamiento de esas palabras hinchadas y vacías, que a los jóvenes les gusta tanto usar; la lógica me inspiró sobre todo, el amor hacia el cauce de una filosofía que nunca abandonaré».

He hablado de Aristóteles, base general de la lógica. Pero el origen maioresciano está en el terremoto causado por Kant, o al menos, en una de las lecturas que durante el revuelto s. XIX se hacía de Kant: la tesis del rechazo de la metafísica como ciencia, basada dicha tesis en el criterio de la validez del juicio científico. Dicho de otro modo, sólo es ciencia la disciplina cuyos juicios tienen su origen en el ejercicio de la pura razón y que refieren al conjunto de los fenómenos dados en la experiencia.

Con Kant, sólo podemos conocer lo que “es dado” a nuestra forma de conocer. En otras palabras, “sólo se conoce lo que el sujeto pone en lo dado”. Por tanto, es preciso indagar esa forma de conocer, es preciso aclarar de una vez por todas los mecanismos de ese enjuiciar lo dado y eliminar todos los juicios que, en verdad, de nada hablan. Separar, como Maiorescu indica, el recto juicio de la palabrería hueca. Averiguar que puede ser dicho con sentido, y sobre lo demás callar, apuntaba Wittgenstein. La lógica asume así ese papel “propedéutico” previo a cualquier acto de conocimiento, la lógica es «el vestíbulo de las ciencias», en palabras de Kant.

En ese contexto se mueve Maiorescu, en un siglo que arranca de Kant en múltiples perspectivas idealistas en franco combate: ya formales (Hegel) y materiales (Marx y Engels), vitales (Nietzsche), positivistas (Comte) y en el verdadero ojo del huracán, la polémica sobre la lógica: nuestra forma de hablar sobre lo dado, el entendimiento puesto ante el espejo. En concreto, las fuentes de Maiorescu vienen fundamentalmente de la tétrada estudiada por el profesor Cazacu: “Suttner–Zimmermann–Herbart–Drobisch”, a a partir de quienes Maiorescu avanza sintetizando los hallazgos europeos que él mismo asimila y lleva a Rumanía, desde Stuart Mill, pasando por el idealismo alemán Fichte, Schelling o Schonpenhauer.

Ahora bien, ese espíritu íntimo que mencionamos al principio y que late en Maiorescu, apunta mucho más alto. Maiorescu, humanista de los pies a la cabeza, desarrolla su Manual de Lógica orientado a las escuelas de enseñanza secundaria. Obsérvese bien, la Lógica de Maiorescu tiene una intencionalidad pedagógica, enseñar e incentivar el juicio crítico en los estudiantes. De alguna manera, Maiorescu está entendiendo la Lógica no sólo como la Ciencia del Pensar, del construir juicios válidos, del hablar correctamente, sino también, de manera aristotélica, como el fundamento de la sociedad en el desarrollo de la palabra y la racionalidad. Un fragmento en el que el profesor Cazacu va enlazando pasajes de Maiorescu deja claro este sentido primordial: «El hecho de sostener con la misma pasión los mismos principios es una garantía de honestidad, que viste la forma de la promesa para los jóvenes y la forma del logro para los adultos. Los efectos de la falta de estabilidad son una desgracia para la sociedad….es digna de desprecio y produce frutos venenosos, aún más si la dirección cultural que se da a la juventud en gustos y pensamiento está animada por gente pública sin honestidad cuyos principios y palabras están escritos en la arena. Si la falta de consistencia por la que se dirige nuestra sociedad no se interrumpe por una nueva dirección, totalmente nueva, honesta, consistente, tanto en la vida política y como en la cultural entonces haremos crecer a una generación que, llegada a una triste madurez, jugará con el destino del país».

El libro del profesor Cazacu es una verdadera joya, y no lo digo por decir. Estamos acostumbrados a estudiar la lógica contemporánea, esto es, la “lógica matemática” con Frege, Russell, Wittgenstein, Peirce, Whitehead, Gödel…, también la acción comunicativa de Habermas, el estructuralismo de Saussure, la hermenéutica de Gadamer, el postestructuralismo de Derrida, como planteamientos ante el problema del lenguaje (por decirlo bruscamente) y nos perdemos las aportaciones de intelectuales de la talla de Maiorescu. Les propongo un reto: hoy, época de Internet, apenas encontrarán información en español sobre la labor, no digo sólo lógica, sino intelectual, de Titu Maiorescu. Acaso, alguna polémica pueril en la que aún hoy se entretienen algunos.

Por ello, un libro como éste, escrito por un profundo conocedor de la figura de Maiorescu, centrado en el origen, desarrollo y evolución de su Lógica, su recepción e influencia y traducido al español, es, como digo, una auténtica joya para nosotros. Añadido a ello, que incluya como Apéndice las traducciones al español de las Conferencias Públicas en Bucarest de Titu Maiorescu, no hace sino redoblar su valor.

Quiero quedarme con un fragmento de Maiorescu extraído de las Conferencias en Bucarest y que ustedes encontrarán en la obra del profesor Cazacu. Espero que les transmita el sentido y la fuerza que aquél, como yo, encontramos en la Lógica:

«Podemos mirar la muerte con sangre fría, pero nunca podremos mirar sin atormentarnos la muerte de los seres amados, en nuestra casa. Sentiremos dolor, dolor atroz. ¿Cómo es entonces que la naturaleza nos dio la punzada del dolor, sin habernos dado la respuesta que buscamos? ¿Cómo es que a la inteligencia humana, tan vasta y maravillosa, concentrada en responder a la pregunta ?a dónde vamos?, la naturaleza, en su crueldad, le quitó el poder de responder?

Esta es una prueba de que la naturaleza concebirá a un ser sin este dolor.

La respuesta a este problema que atormenta a la humanidad la obtendrá la forma futura, mucho más perfecta que el ser humano de hoy. Llegará un tiempo en que todo lo que hoy es dolor e incertidumbre, se esclarecerá.

Esta es una fantasía filosófica bastante importante y negar la solución a este problema significa negar la mismísima vida en este siglo de pesimismo.

Sin embargo, para construir esta fantasía, para formular la vía que la vida seguirá hacia el alcance de su ideal, hay que conectar palabra con palabra, hay que encadenar argumento con argumento; sin duda, es inmensa la importancia de esta ciencia que nos enseña a unir pensamiento con pensamiento para alzarnos desde un círculo de concepciones restringidas hasta la concepción de los más audaces problemas, para razonar sobre el progreso de la naturaleza y su propósito. Esta ciencia es la Lógica».